Economía, Filosofía

La democracia y el socialismo no tienen nada
en común excepto una cosa: la igualdad.
Sin embargo existe una gran diferencia:
mientras la democracia busca igualdad en la libertad,
el socialismo busca la igualdad en la coacción y restricción.
-Alexis de Tocqueville

Desde que puedo recordar, los seres humanos usualmente intentamos pertenecer. Es algo muy propio de las personas el querer ser  parte de algo que nos represente, algo que refleje lo que creemos, pensamos o hacemos. Elegir una ideología no es una tarea fácil, especialmente si no se tienen convicciones claras e ideas precisas. Optar por creer en algo y animarse a defenderlo implica tener un conocimiento profundo no sólo de lo que creemos; sino de lo que elegimos dejar de creer. En este momento, en medio de una pila de libros y un reloj que dejó de marcar el tiempo, me doy cuenta que todavía no soy lo suficientemente privilegiada; hay mucho de lo que aún no sé.  Pero al menos  estoy consciente de una verdad palpable de la que he sido testigo, y es que cuando uno no sabe nada, es muy fácil creérselo todo. Para no caer en esta trampa tan común, decidí agregarle a mi vida un poco de escepticismo, aunque eso no ha contribuido a que escribir este ensayo sea más fácil. De hecho sólo han brotado más preguntas que han opacado las pocas respuestas con las que contaba al principio.

Aunque pertenecer sea una meta común de las personas, no hay que olvidar que los grupos y las sociedades están compuestos de individuos y que cada quien representa un amalgama de ideas variadas y de creencias propias. No se puede esperar la existencia de una sola ideología, ética y religión si existen más de 7 mil millones de habitantes con ideas enraizadas y múltiples; la diversidad le agrega algo de sentido a un mundo de personas empeñadas en encontrar diferencias. Sin embargo, muchos se cuestionan la existencia de un “fin último”, o de una “verdadera verdad”, pero aunque esa ha sido una pregunta usual, me atrevo a decir que todavía no existe una respuesta. Al menos no es esa la que intento responder. Mi objetivo principal no es darle más mérito a una ideología que a otra, sino poner las cartas sobre la mesa y evaluar, en base a la obra de una reconocida autora, los argumentos que apoyan el “florecimiento de las virtudes a través del capitalismo”. Después de todo, como lo predijo Adam Smith, las virtudes burguesas del capitalismo clásico tienen las semillas de la moral ya incorporadas, y ningún sistema económico es intrínsecamente bueno o malo.

Deidre McCloskey deja un punto muy claro en su libro The Bourgeois Virtues, y es que el capitalismo es eficiente, que implica que las personas tengan mayores oportunidades, y que “tiene mayores fuerzas eliminando la pobreza que cualquier sindicato, programa social, o proyecto centralizado”. (McCloskey, 2006) Pero, ¿de qué manera el capitalismo promueve igualdad? ¿Un capitalismo democrático es posible? ¿Realmente favorece al florecimiento de las virtudes en la vida de las personas? ¿Cómo se promueven estas virtudes? ¿Existen ‘desvirtudes’ o ineficacias en el sistema?

Para situarse en un contexto amplio y poder ir así de lo general a lo específico, es necesario definir términos. Según la autora, ¿qué es capitalismo? Ella lo describe como “la propiedad privada y el trabajo libre sin una planeación central, regulada por the rule of law  y otros consensos éticos”. Para conocer otras definiciones, Ayn Rand, una reconocida novelista y filósofa, lo define como “el único sistema que reconociendo la naturaleza “racional” del ser humano, y, por tanto, la “libertad” como exigencia de ésta, se fundamenta en la relación existente entre la inteligencia, la libertad y la supervivencia del hombre. Sólo en la sociedad capitalista los hombres gozan de libertad para pensar, disentir y crear”. (What Is Capitalism?, 1967). Para tener una definición más simplificada, el Diccionario de la Real Academia Española lo define como un “régimen económico fundado en el predominio del capital como elemento de producción y creador de riqueza.” (Diccionario de la Lengua Española en línea, 2012). En este ensayo en particular, la autora intenta convencernos acerca del impacto positivo que el capitalismo ha tenido a lo largo de los años, y en especial en la consistencia que este sistema ha tenido con las virtudes de las personas. “El capitalismo puede ser virtuoso”, es una de las líneas con las que comienza el primer capítulo del libro, recalcando que el comercio y el intercambio no son un producto maligno del trabajo; sino más bien una de las profesiones más antiguas. Además de esto, McCloskey afirma que los mercados no siempre son malos para el espíritu humano; lo cual es contrario a lo que las personas usualmente creen con respecto a la amoralidad que atribuyen a los mismos. ¿Cuál es en realidad la esencia del capitalismo que describe la autora y de qué forma éste va en contra de las típicas percepciones de las personas que atribuyen esta ideología a la codicia, el materialismo y el consumismo?

McCloskey afirma que el enriquecimiento mundial ha hecho posible también un enriquecimiento cultural y ético. También ha permitido que por medio de la derrota del Fascismo y el Comunismo, muchas personas tengan la oportunidad de dejar atrás una vida de pobreza y escasez, para encontrarse con una mejor realidad, oferente de más oportunidades y menos restricciones. Siendo el capitalismo un sistema que promueve la libertad de las personas, esta libertad genera como resultado una cadena de efectos positivos tales como el emprendimiento, la creatividad, la competencia y un mayor grado de igualdad. A las personas se les presenta la oportunidad de querer superarse por sus propios medios, trabajando por obtener lo que necesiten y deseen. Las condiciones de vida en general han mejorado; la autora menciona aspectos como el mejoramiento general en la calidad del aire, por ejemplo la disponibilidad de más agua para más personas en países que pueden pagar por ese interés, el acceso a mejor educación, más salud… “El enriquecimiento, más que la regulación, es la causa principal de las mejoras en el ambiente”. (Ibíd,. P. 18). El aumento histórico en la expectativa de vida es otro efecto positivo derivado del sistema capitalista. La riqueza material puede traer como consecuencia otro tipo de riqueza que en el largo plazo puede mejorar la calidad de vida de las personas. Recalco que escribí “puede”, ya que este argumento no es necesariamente válido en todas las circunstancias. Sin embargo, es importante notar que una sociedad libre es más propensa a promover las oportunidades, el descubrimiento, y/o los cambios que pueden hacer diferencias representativas. El crecimiento económico basado en un sistema de libre competencia es un juego que no suma cero. El intercambio entre los individuos puede mejorar el nivel de vida en general de las personas, y este efecto puede repercutir incluso en quienes no estaban involucrados en la negociación.

Las externalidades positivas de este sistema económico también deben considerarse, pudiendo concluir de esta forma que las ventajas del intercambio de información, bienes, fortuna y poder entre individuos libres conlleva a la creación de mayor confianza, y a la larga, mayor equidad. Cabe mencionar que las condiciones de trabajo han mejorado notablemente, y que ahora los individuos tienen más y mejores oportunidades que antes para ser exitosos. Un capitalismo democrático podría ser posible a través de una economía de mercado basada predominantemente en incentivos económicos a través del mercado libre y un sistema moral y cultural que promueva el pluralismo. Según Deidre McCloskey, el capitalismo ha sido “la causa y consecuencia del crecimiento económico moderno y de la libertad política moderna” (2006). A través de las preferencias y motivaciones personales, las personas pueden encontrar su propia identidad, y ya no tienen que estar sujetas a autoridades que restrinjan su libertad. De acuerdo a The Bourgeois Virtues, existen otras consecuencias derivadas directamente del capitalismo tales como los progresos en la ciencia, la caída de las tiranías, la globalización, la liberación de oportunidades para mujeres y niños, el esparcimiento de instituciones libres y en enriquecimiento de la cultura mundial. Con derechos de propiedad claramente definidos y con poca intervención del gobierno en el equilibrio espontáneo del libre mercado, los procesos de intercambio se vuelven más “justos” y en general las personas tienen más. Pero, ¿qué tiene de virtuoso tener “más”? Primero, si todos tienen más oportunidades, más alcances y más intercambios, existe menos desigualdad. Esto implica que haya menos materialismo y menos violencia (según la autora). Al haber más igualdad, florecen ciertas virtudes tales como la prudencia, la justicia y el amor. Incluso las interacciones en el mercado nos hacen mejores personas.

Permitir que las personas hagan tratos con respeto y libertad ayuda a que tanto ellos, como las personas que cuentan con menos recursos, excedan material y éticamente. Ante este argumento tienen que haber ciertas suposiciones tales como una mínima intervención en los mercados (no impuestos ni subsidios), bajos costos de transacción, y definidos derechos de propiedad. De nuevo cito a Ayn Rand cuando dijo: “El Capitalismo ha sido el único sistema de la historia en el cual la riqueza no se ha adquirido mediante saqueo, sino mediante producción, no por la fuerza, sino mediante el comercio, el único sistema que ha defendido el derecho de los hombres a su propia mente, a su trabajo, a su vida, a sí mismos”.

Una crítica a las virtudes que promueve el capitalismo empieza desde el punto donde éste reclama ejercer un cambio: en la igualdad. ¿Qué tanto mejora la calidad de vida de las personas bajo un sistema capitalista? ¿Es este el único sistema que promueve mejores oportunidades a las personas pobres? Según el párrafo precedente, el capitalismo mejora la calidad de vida de las personas en general, es decir como un conjunto (en sociedad), pero, ¿qué tanto mejora la calidad de vida de los individuos? ¿La libre competencia no genera, a caso, actitudes negativas entre oferentes y demandantes? No llegar a un acuerdo mutuo por querer comprar barato y vender más caro podría generar incluso mayor desigualdad de la que había originalmente. Por otro lado, incluso con el florecimiento del capitalismo, a lo largo del tiempo han existido barreras y/o regulaciones que no han logrado frenar los avances del sistema libertario; es aquí donde me opongo en cierta medida a los argumentos de la autora, ya que puede demostrarse que las regulaciones no han prevenido el progreso.

En este punto quizás sea relevante definir dos términos que posteriormente utilizaré en mi tesis; según la RAE, una virtud es una “disposición constante del alma para las acciones conformes a la ley moral”, mientras que un vicio es una “falta de rectitud o defecto moral en las acciones”. ¿En qué momento pasa a ser una acción un vicio? El fin de lucro en los negocios e intercambios puede dejar de ser una virtud para convertirse en un vicio que poco tiene que ver con la ética y la moral. ¿De qué forma puede determinarse hasta qué punto una acción deja de ser perteneciente a la ley moral de cada persona? Muchas personas declaran que el capitalismo ha convertido a la gente en personas superficiales que sólo se preocupan por los bienes materiales y el progreso concreto y no abstracto (dándole más importancia a los lujos que a las necesidades internas); opinan que el dinero se vuelve un vicio que desvincula a los individuos de la unión con los principios y valores que deberían tener para convivir en sociedad. En cuanto a la redistribución del dinero, McCloskey declara que el gobierno no hace buen uso de los impuestos y que el dinero usualmente termina en manos de la gente equivocada. Probablemente esta es una generalización que no aplica a todos los casos, ya que existen programas que, con mayor planificación y análisis, podrían resultar efectivos para las personas que no poseen oportunidades para trabajar. Hay quienes defienden que cuando los individuos viven con poco, son más humildes y agradecidos porque están desligados de los bienes pasajeros que no les traen ningún significado virtuoso. En algunas ocasiones, los impuestos o subsidios han sido el boleto de entrada para muchas personas que necesitaban otro tipo de incentivo para iniciar un proyecto o para evitar llegar a la quiebra; el salario mínimo ha sido en algunos casos, el único sinónimo de “ingreso” para personas que optan por trabajar aún por poco, en vez de quedarse sin hacer nada (y obtener casi lo mismo).

Todas estas son sólo generalizaciones que muchas veces no cuentan con fundamentos adecuados, pero que existen. Están en boca de los testigos, de los que desmeritan el capitalismo, de los que no han sido privilegiados por las ventajas del sistema, y de los que no han obtenido esas ventajas “generales” que se supone el capitalismo promueve. Este sistema económico ha despersonalizado muchas acciones de las personas, llevándolas a un nivel específico de fines, propósitos específicos, metas claras… Estas tres definiciones no están necesariamente vinculadas con virtudes capitalistas, pues no poseen en muchas ocasiones, un tercer nivel de acción destinado a una realización personal, un perfeccionamiento del espíritu, un restablecimiento de las actitudes morales y éticas, etc…

El debate podría seguir en una interminable interposición de posturas. Lo cierto es que el capitalismo puede influir en el desarrollo de ciertas actitudes morales, y al mismo tiempo puede contribuir al eventual deterioro de ciertos principios y valores éticos. Vuelvo a las primeras líneas de este ensayo, cuando escribí que decidir optar por una idea es creer fielmente en ella. Es necesario que los individuos tengamos claras nuestras convicciones y creencias antes de hacer una generalización o incluso referirse a un caso específico. Sin duda McCloskey tenía razón cuando atribuyó ciertas virtudes al florecimiento del capitalismo; después de todo “es a través del intercambio que las diferencias se transforman en bendiciones” (Sacks, R., s.f). Pero por otro lado, también es importante notar que las mismas diferencias son las que generan las desigualdades que desembocan posteriormente en “desvirtudes”. Si uno no está en contacto con sus creencias internas y si deja de mantener una eterna conversación con sí mismo sobre lo que cree y lo que decide dejar de creer, el paso corrido de la vida nos va a ir dejando atrás, mezclando vicios con virtudes e impidiendo que llevemos una vida auténticamente virtuosa. “Ningún sistema económico es intrínsecamente bueno o malo” dijo Smith; la verdadera calidad de una creencia recae en lo que cada individuo interpreta como “correcto” e “incorrecto” y la forma en cómo decide ponerlo o no en práctica.

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“La vida no es en blanco y negro: Virtudes y defectos del Capitalismo”

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