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Los rayos del sol se hundían impacientes entre las olas del mar, dejando por encima del agua un destello de luz naranja. La espuma se amontonaba en la orilla de la playa, olvidando retazos de color blanco junto a la arena y la sal. Siempre le he tenido una especial admiración al mar, ese conjunto de aguas tranquilas que deambulan de un lado a otro en el día y la noche. Me sorprende la perfección del horizonte, que marca sin cálculos el inicio del fin. Pero tal vez lo que más me conmueve es el sonido de las olas, que se forman con delicadeza y perspicacia en diferentes intensidades y tamaños, y que revientan a unos metros de la orilla, trayendo con sigo recuerdos olvidados en el fondo del océano.

Evoco el pensamiento del mar porque es la línea directa de mi inspiración. Probablemente necesite mucho de eso ahora que me dispuse comenzar a escribir estas líneas después de mucho tiempo de pensarlo. Siempre he escrito para mí misma, deseando en secreto encontrar respuestas escondidas entre mis propias letras y mis confusas preguntas. Escribo para ordenar mis ideas (o al menos eso es lo que pretendo), aunque tengo muy claro que al final del día, las consonantes y vocales bailan entre las páginas de mi cuaderno impacientes por salir al mundo; porque solo en el contexto real puedo darle un sentido a lo que escribo.

Voy a empezar como quiero seguir: con autenticidad y determinación. Y es así como dejo constancia del pensamiento que más me ha estado persiguiendo últimamente: por primera vez en mi vida, me siento perdida. Siempre he creído tenerlo todo bajo control, y ahora, luego de una serie de desafortunadas circunstancias y un significante declive en mi capacidad de creer, no puedo discernir lo que Dios quiere para mi vida. Me atrevo a decir que después de quebrantadas expectativas, mi fe se redujo considerablemente, pero no quiero darle mucho énfasis a esa decisión porque en realidad no era algo que quería, era algo que pasó y que ahora intento recuperar.

Y probablemente eso intento al escribir estas líneas: recuperar la fe, ser capaz de comprender la voluntad de Dios, y actuar acorde a Su plan. Sé que me espera un largo recorrido porque estoy empezando de cero, sin rumbo, sin dirección… Pero así como empieza mi vida, así empiezan también las grandes historias, y una letra a la vez, se va formando la sustancia de la vida, que por cierto sí tengo muy claro: es abstracta e inmaterial.

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Letras hundidas

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