Literatura, Reseña

La magia de la novela

Hace mucho no me siento tan profundamente identificada con un texto literario. Desde hace un par de años adquirí el hábito de cuestionar todo lo que leo. Por una parte es algo bueno porque juego con mis dudas y trato de encontrar significados e interpretaciones alternas a algo que parece verse simple. Por el otro, puede resultar algo inmensamente extenuante; especialmente porque termino con más preguntas que respuestas. Pero, ¿en qué momento alguien dijo que era mejor tener soluciones que interrogantes? El hábito de preguntar y dudar es algo que se ha ido perdiendo con el tiempo, y a la larga, eso solo crea seres humanos conformistas que optan por quedarse en la superficie de lo profundo.

Y es justo de eso de lo que trata el texto que hoy me cautivó. Es de Milán Kundera y se llama “La desprestigiosa herencia de Cervantes“. Me gustaría dejar aquí plasmadas todas las líneas que me impresionaron, pero eso sería casi una reproducción total y no parcial del texto. “La única razón de la novela es descubrir lo que sólo la novela puede descubrir. Una novela que no descubre un segmento desconocido es inmoral. El conocimiento es la única moralidad de la novela”. Nunca antes había pensado en el conocimiento como en una moralidad, pero la frase me resulta inevitablemente atractiva. Ya no se habla de reducirlo todo a un marco cerrado y calculado, sino más bien de de tomar la ambigüedad del mundo, como lo hiciese Cervantes, y descubrir alternativas a partir de ello. Se trata de afrontar no una sola verdad absoluta, sino un conglomerado de verdades contradictorias.

Ma llama mucho la atención la importancia de la Historia, la cual Kundera describe como “incontrolable, incalculable, incomprensible e inescapable”.Qué palabras tan fuertes para atar un lazo tan relevante en el mundo de la novela, y en el mundo real… Según el autor, el rol más importante de la novela es mantener la vida bajo una luz permanente y protegernos del “olvido del ser” (que fue una característica propia de la Era Moderna con Descartes, Galileo, la Revolución Científica y otras corrientes de la misma línea…) Bajo este supuesto, ¿no es ahora más importante que nunca la existencia de la novela?

El ensayo prosigue con una crítica importante: cómo la novela va siendo cada vez más el producto de los medios masivos. Los medios se han encargado de distribuir para el mundo las mismas simplificaciones y estereotipos fácilmente aceptadas por el mayor número de personas…  No sólo pasa en la escritura, sino también en el cine, por ejemplo. Las películas de hoy en día son todas iguales: el típico romance tiene la misma trama en 6 películas diferentes pero con algunos toques que cambian. “Atrás de las diferencias reina un espíritu común. Este espíritu común de los medios masivos, camuflajeado por la diversidad política, es el espíritu de nuestro tiempo. Y este espíritu parece ser contrario al de la novela”.

El espíritu de la novela es la complejidad, pero las personas se han ido por lo el camino corto: las respuestas fáciles sobre las preguntas profundas… Tal vez este tema me ha tocado tanto por la influencia que la novela tuvo en las etapas relevantes de mi vida. Todo comenzó cuando me sumergí  en el mundo del Barco de Vapor. No sólo estaba hipnotizada por las lecturas obligatorias de los tiempos de colegio, sino que también quería buscar algo más… Después de leerme muchos ejemplares azules (que eran para los niños pequeños), y luego pasar a los naranjas (que ya eran para pre-adolescentes, -¿qué tal?-),  me adentraba en todas las librerías que veía a mi paso, ansiosa de ver las brillantes portadas y los magistrales títulos de las cientos de cientos de obras.

Busqué mi primer libro como recomendación de mi mamá: Agatha Christie apreció en mi vida cuando tenía 12 años. Fueron esas obras las culpables de que ahora ya no haya más espacio en mi librera. Después llegarían desfilando los precursores de la literatura (para mí): los fantásticos, los soñadores, los descriptivos… Isabel Allende con su permanente legado de “Paula” y “La casa de los espíritus” y Gabriel García Márquez, salpicándome en cada página con su realismo mágico y sus innumerables personajes. Más adelante sería Vargas Llosa, que me impacta con su crítica sutil y directa (aunque mi profesor de Humanidades dice que para la crítica no es ningún experto). En la mitad del camino me encontré con grandes obras de géneros más variados… El oculto romanticismo de “Heredarán los ricos”, de Elizabeth Adler, me acompañó en las noches de desvelo con sus más de 600 páginas… También incluí en mi repertorio algunos clásicos, “El Alquimista” de Paulo Coelho y algunas obras de Mario Benedetti. Paralelo a esto están las obras en inglés que tanta influencia tuvieron en mi concepción literaria actual y en mi profundo amor por las letras y las buenas historias. Frank McCourt, George Orwell, John Knowles, Aldous Huxley, Ken Kessey, Mark Helprin…

Las historias marcaron mi juventud no sólo por las alas que le dieron a mi imaginación, sino porque me inculcaron el gusto por la escritura. No porque quisiera escribir mis propias historias, sino porque quería inventar mis propios personajes y quería adecuarlos a un mundo cambiante… Quería adueñarme de las pasiones y las emociones de los personajes para poder crear historias realmente dignas. Las historias sin embargo, nunca fueron mi género. Cuando tenía 13 leí un poema en el periódico del domingo y pensé que me gustaría poder hacer lo mismo. Me dediqué a jugar con las palabras para encontrarles rimas y ritmos… Si los cuento ahora son más de 100 poemas… Pero esos eran tiempos pasados, y probablemente solo un común hábito que con el tiempo olvidé.

La trascendencia de la novela es lo que la hace tan especial. No por su significado o su historia en general, sino por la huella que deja en quien la lee… Las distintas interpretaciones, los escenarios, los colores, los diálogos, el color… Todo en una novela es tan vivo, que a veces preferiríamos imaginarnos así el mundo real. Las historias tienen las raíces del lugar donde nacieron, y se prestamos especial atención, descubriríamos que una forma innovadora de conocer profundamente el transfondo de un hecho en un tiempo determinado, es leyendo esas historias. Haciéndolas propias. Interpretándolas. Comprendiéndolas.

La Historia de la humanidad nunca antes fue tan entretenida…

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