Economía, Filosofía

El rol de las virtudes

A través del tiempo, las distintas evaluaciones de la virtud han ido tomando formas que están en constante cambio. Éstas han ido marcando el pensamiento del hombre en su devenir histórico, sus percepciones, sus decisiones y consecuentemente, sus acciones. Empezando por Aristóteles, Santo Tomás de Aquino y pasando por Kant, se demuestran posiciones metafísicas que pueden tener un carácter absoluto, disquisiciones entre la jerarquización, o bien propiedades categóricas. Deirdre McCloskey lo resume muy bien en una sola línea: “Existe una cosa, y una sola en el universo entero, de la cual conocemos más de lo que podríamos saber por mera observación externa: esa única cosa es el Hombre” (The Bourgeois Virtues, p. 335).[1] En el siguiente ensayo no pretendo hacer un enfoque en una verdad absoluta o en un conjunto predispuesto de virtudes éticas fundamentales. Por el contrario, expondré 3 diferentes concepciones de la virtud desde tres ángulos importantes: el aristotélico, el utilitarista, y el defendido por McCloskey. Al final sintetizaré las ideas intentando demostrar que no son excluyentes; sino que más bien demuestran un patrón relevante. Después de todo, la psicología y antropología humana que conforman las bases de la virtud, no es demasiado variable entre un individuo y otro.

Para Aristóteles, la virtud es  “aquella actitud de nuestro querer que se decide por el justo medio, y determina este medio tal como suele entenderlo el hombre inteligente y juicioso”. (Ética a Nicómaco, 1106b). Dicho de forma diferente, la virtud es la forma normal de actuar del hombre que revela perfección. Con este “actuar” se sobre entiende que se incluye la facultad de razonamiento de los seres humanos. El “justo medio” se refiere a  la comprensión entre la privación y el exceso.  Aristóteles hace especial énfasis en el consciente esfuerzo personal hacia el bien. Hace referencia a la aportación al perfeccionamiento moral (una buena educación), y revela la importancia de los hábitos adquiridos como factores decisivos. En “Ética a Nicómaco”  declara que la virtud humana no puede ser ni una facultad ni una pasión, sino un hábito. Esto significa que aparece no por naturaleza sino como consecuencia del aprendizaje, la práctica y la repetición. [2] Aunque Aristóteles diferenció la virtud intelectual de la moral, para él ambas podían perfeccionarse mediante la costumbre. Él trata las virtudes morales primero y las ve a disposición de las virtudes intelectuales después (Ibíd, p. 324). Para este pensador, la creación de los buenos hábitos y virtudes no es excluyente.

El pensamiento occidental como el de Aristóteles reduce las siete virtudes descritas por McCloskey con nombres diferentes: conocimiento y aprendizaje (prudencia), liderazgo (justicia), control de impulsos (templanza), y así sucesivamente. Para Aristóteles, la felicidad humana está constituida por el ejercicio de estas virtudes.

En la visión utilitarista, el crecimiento ético se reduce a una fórmula. Siguiendo la línea de visión de Kant y Bentham, los hombres deciden cuestiones éticas sin tomar en cuenta conexiones e interacciones; son seres prácticamente autónomos y racionalmente dependientes (Ibíd, p. 310). Ven las conexiones como algo opcional, completamente contractual y basado en relaciones de mero intercambio. Sin embargo, esta postura utilitarista también defiende un punto intermedio entre, por una parte, una teoría ética que busca una verdad universal, y por otra, una teoría ética que aplique a cualquier ser racional. Para un Max-U todo se resume a una tarea fácil: reducir las emociones a asuntos puramente utilitaristas (“hallar el conjunto de virtudes que maximicen utilidad). Para el amor verdadero que defiende la autora de The Bourgeois Virtues, el amor no es amor si involucra el intercambio de algo material. El amor no es un medio; debe ser un fin. Según Nozick, “ya que la cooperación para el beneficio mutuo es la función de la ética, lo único que realmente importa es el tamaño del pastel”. El secreto está en ver todos los asuntos en términos de costos y beneficios, y calcular los resultados fríamente; las motivaciones son instrumentales, y no cuestiones de identidad. John Stuart Mill[3] dijo:

La doctrina que acepta como fundamento de la moral a la utilidad o principio de la máxima felicidad, sostiene que las acciones son correctas en proporción a su tendencia a promover la felicidad, e incorrectas si tienden a producir lo contrario a la felicidad. Por felicidad se entiende el placer y la ausencia de dolor; por infelicidad al dolor y la privación del placer.

Para Jeremy Bentham, el utilitarismo en un contexto social no es “una teoría intelectual abstracta, sino más bien una poderosa arma política”. Y aquí aplica  la psicología evolutiva (“haz lo que tus genes te digan que hagas”), o la teología (“haz lo que Dios desea que hagas”), o la Ilustración (“asegúrate que todo sea para mejor”…)En fin, los economistas utilitaristas encuentran soluciones fáciles dirigidas a fines prácticos (¿o simples medios?) que nada tienen de trascendente la mayoría de las veces. Bentham y Kant ignoran el arbitraje racional, y defienden el formulista, de un solo valor, monista, decisivo, axiomático, deductivo, final…

Por su parte, McCloskey opina que las virtudes en realidad son complementarias, no independientes ni excluyentes. Según la autora “la virtudes forman un sistema coherente”, y es en la simultánea búsqueda de la Verdad y el Bien donde se lleva una vida virtuosa y moral. Convertir la ética en una mera opinión es un error. La verdadera ciencia, la verdadera psicología, la verdadera economía esta presupuesta por verdaderas virtudes. Para la autora no es la universalidad de una virtud lo que importa, sino su significado ético en el acto. “Uno sabe qué hacer, cuando lo sabe, no por la aplicación de principios universales sino por ser cierta clase de persona: una que ve las situaciones de forma distintiva”. Es cierto que las vidas, fines, morales y principios de las personas son diferentes… pero al final, todas están dentro del horizonte humano.

Las similitudes son marcadas: las tres posturas buscan un “equilibrio” (McCloskey), o “punto intermedio” (Max-U), o “justo medio” (Aristóteles) para vivir las virtudes. Aunque la postura aristotélica habla con más profundidad de racionalidad y el involucramiento de emociones, los utilitaristas ignoran este argumento y tratan de basar sus acciones en meros cálculos. McCloskey sí le da importancia a las emociones, el contexto, las “historias”, el “lenguaje”, la “cultura”… Al final no se puede hablar de universalidades cuando todos los seres humanos somos tan diferentes, pero esto no significa caer en una postura relativista, sino más bien ejercer las virtudes según los principios, y hallar un equilibrio. El rol de las virtudes no es excluyente, casi cualquier virtud en cualquier cultura puede relacionarse con las siete principales que describe la autora; sin embargo, las virtudes no están libres de la tensión y los balances de una vida ética. A veces las distinciones entre virtudes son un asunto puramente verbal; pero al final, sistematizar la fe, la esperanza, el amor, el coraje, la justicia, la templanza y la prudencia -y balancearlos- constituye el rol de las virtudes.


[1] McCloskey,D. (2006) The Bourgeois Virtues: Ethics for an Age of Commerce. The University of Chicago

[2] Hirschberger J. (1981) Historia de la filosofía. Barcelona: Editorial Herder.

[3] Mill, J.S. (1863). Utilitarismo, ii

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