Economía

Monopolio del deporte

Esta es una editorial que escribí hace dos años y que hoy estoy desempolvando en honor al deporte en Guatemala.

La centralización del poder en pocas manos ha tenido terribles resultados a lo largo de la historia. En el ámbito político pueden mencionarse las actuales situaciones de Cuba, y más recientemente Venezuela. Cuando lo público llega a adquirir más importancia que lo privado, las consideraciones pasan a un marco de intereses puramente personales e individuales y los resultados a largo plazo son desastrosos. A mi parecer, la única forma de frenar la corrupción en los gobiernos, es otorgándoles menos poder. Esta columna no tiene intenciones de carácter político, ni pretendo que sea una lección de Economía, pero decidí comenzar así para metaforizar lo que sucede en el deporte.

Cuando las Federaciones y Asociaciones centralizan el poder, los deportistas, de una forma aparentemente imperceptible, dejan de tener protagonismo y quedan al margen de las peticiones de los dirigentes. Es en estos casos cuando se dan sospechosas fugas de dinero, viajes de fogueo cancelados “por falta de recursos”, el descuido de las instalaciones, la falta de apoyo a los deportistas, y la tan usual indiferencia por parte de los directivos que luego no se explican por qué los resultados de los atletas no son satisfactorios. Soy seleccionada de Voleibol desde que tengo doce años y a lo largo de este tiempo he visto el deterioro del sistema deportivo no sólo en esta Federación, sino en muchas otras que no han sabido optimizar sus recursos. También estoy acostumbrada a las historias que se mueven dentro de estas instituciones: directivos que usan el dinero para su propio beneficio, facturas a nombre de la Federación que evidencian compras y viajes por ninguna razón, movimiento de influencias (la importancia de tener contactos con las federaciones departamentales para poder re-elegirse en el próximo período…) En fin, la realidad del deporte en Guatemala es una: hay corrupción desde sus raíces.

A pesar de esto, hay deportistas que han logrado sobresalir con prácticamente cero recursos. (El mejor ejemplo es el de Erick Barrondo). No intento decir que las federaciones deberían proveer a los atletas con equipo, dinero, viáticos, uniformes y cualquier otro tipo de gasto; pero al menos con lo mínimo: unas instalaciones dignas para los entrenamientos. Probablemente el resto del apoyo pueda conseguirse con más eficiencia por parte de empresas privadas (con un beneficio ganar-ganar para ambas partes; los deportistas se benefician del apoyo, y los patrocinadores se ven representados por una buena imagen: deportistas dedicados y exitosos). Deben haber muchas opciones… Pero aparentemente la concentración del poder en pocas manos (y en las manos incorrectas) como ocurre en casi todos los deportes federados, no trae ningún bien para el desarrollo de cualquier disciplina en el país. Este debate no se diferencia en nada del que se da en la política…

Existen claros ejemplos de los resultados que han tenido los atletas que han decidido inteligentemente desligarse de la dependencia de sus Federaciones, y buscar oportunidades por su lado. Deportistas que buscan más de lo que les da su Federación (que en muchas oportunidades es prácticamente nada), y que posteriormente trascienden con sus propios medios.

El deporte no puede seguir siendo un monopolio de intereses. Los deportistas tenemos que levantarnos y hablar. No podemos esperar que las Federaciones resuelvan nuestros problemas porque sería como esperar que el Gobierno elimine la violencia. Tenemos que actuar por nuestros propios medios; buscar patrocinios, estar informados de las competencias internacionales para considerar participar, buscar trascender aunque no se cuente con el apoyo de los que “tienen más poder”, y sobre todo, no quedarse de brazos cruzados ante los sistemas retorcidos que solo velan por sus intereses individuales.

Nosotros somos los deportistas. Nosotros somos los que entrenamos hasta el cansancio, los que nos esforzamos diariamente, los que competimos por nuestro país. No podemos dejar que nuestras metas y sueños se vean frustrados por no contar con apoyo. Los directivos, en vez de obstaculizar nuestro desempeño en el deporte, se supone que deberían facilitarlo; y si no están dispuestos a hacerlo, es momento de que actuemos.

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