Economía, Ficción, Literatura, Reseña

George Orwell

Aunque su forma de escribir historias suele transportar al lector al lugar de los hechos, los libros de George Orwell nunca estuvieron cerca de ser mis favoritos. Leí 1984 hace varios años, cuando en un verano viajamos con mi familia fuera de la ciudad.  Recuerdo bien que al cerrar el libro después de la última página, me propuse escribir en alguna parte lo que la novela me había dejado. Debió haber causado algún impacto importante en mi percepción porque quería dejar constancia de lo que pensé después de haberme adentrado en las descripciones de una sociedad totalitaria y un gobierno que lo controlaba todo. Sin embargo nunca lo hice. El tiempo pasó y el libro pasó a acompañar a los otros muchos que tengo en mis libreras.

Considero a Orwell un tipo totalmente contradictorio. Su biografía describe la forma en que nunca se sintió a gusto al asistir a la escuela porque detestaba la forma en que el sistema educativo intentaba implantar ciertas ideas en los alumnos de una forma completamente dictatorial. En su propia perspectiva, sin embargo, se opone a las escuelas privadas. Aunque se considera a sí mismo un demócrata socialista, aboga abiertamente por las ideas de libertad. A pesar de oponerse al autoritarismo, Orwell tenía una aguda conciencia de los peligros que pueden derivarse de la aparente renuncia del poder y la naturaleza de la coacción moral y la fuerza de la opinión pública. Tal vez por estas contradicciones es que nunca me tomé a este autor muy en serio.

Ayer, como ya es casi un hábito, mientras recorría la biblioteca me encontré con Animal Farm, del mismo autor. Es un libro corto, que acabé de leer en unas pocas horas. Decidí que era buena idea darle al libro una oportunidad. La obra es una metáfora completa que disfraza sin tropiezos una dura crítica a la retórica de la Revolución Rusa. El incansable deseo de poder de Joseph Stalin se ve reflejado en las acciones del personaje principal, y la obra en general no es más que un vivo retrato de las políticas del Partido Comunista Soviético.

La novela gira en torno a un grupo de animales de granja que, guiados por las ideas de su líder, deciden que estar sometidos a las órdenes y antojos de su dueño no es en absoluto algo justo. Luego de elegir democráticamente que lo mejor es derrocarlo, expulsan de la granja a su “opresor” y pronto los líderes del grupo se consolidan en el poder. El resto de la fábula matiza la forma en que el poder llega a corromper, estableciendo una total tiranía y cambiando las reglas del juego. La novela no sólo demuestra el lado más obscuro de un totalitarismo absoluto, sino que sigue una línea que describe de forma sublime el deterioro de individuos que han perdido su libertad.

Probablemente lo que más impresiona de golpe en este libro es notar la forma en que el líder toma el control de todo y de todos. Contrastar los símbolos de la novela con las medidas que toman actualmente algunos gobiernos resulta ser coincidentemente sorprendente. En una sociedad que busca completa “igualdad”, se genera una división espontánea y estratificada que plantea un peligro inminente. La retórica de los “políticos” y la forma en que la distorsionan para saciar sus propios intereses no es más que otro instrumento de control, y los mecanismos de manipulación pasan a ser la principal estrategia para cegar a los “oprimidos” de la realidad.

Sin embargo, no han sido las acciones de los opresores las que más me han sorprendido en la novela. Lo que más me ha sorprendido es el comportamiento de los oprimidos. Orwell intentó describir no sólo la forma en que las tácticas y estrategias de los que están en el poder oprimen a los individuos, sino también como la ingenuidad de las personas se convierte en su propia condena. El no atreverse a cuestionar a la autoridad y optar por agachar la cabeza y dejarse engañar es el principal problema de los personajes de la obra. Y aunque la novela lo pinta de la forma más burda y elemental, dejarse engañar no es tan difícil después de todo. Basta con creerlo todo. De ahí el peligro latente de cualquier individuo y, a nivel agregado, de cualquier sociedad. Es más fácil ignorar que las cosas están cambiando, que los cambios no son buenos, y que cada vez somos menos libres. Esa actitud no difiere en nada de la que tomaron los animales en la novela. Es tan fácil como optar por creerlo todo…

Esa parte de la historia fue la que realmente me sacudió. Probablemente en 1984 fue menos evidente, porque UN sólo individuo decide rebelarse contra el sistema (y el resto de la historia gira en torno a esa heróica decisión). Pero leer cada página de Animal Farm era una sincera frustración, especialmente porque nadie hacia nada para cambiar el estado de las cosas (animales después de todo, ¿no?) Las mejores herramientas de los políticos no están en su capacidad para dominar las masas, están en nuestra capacidad para permitirlo. No es la falta de poder lo que nos hace débiles. Lo que nos hace débiles es no querer ver lo evidente; y si lo vemos, no hacer nada al respecto.

Cuando leí 1984 subrayé una sóla línea en el prólogo escrito por Erich Fromm: “We present our society as being one of free initiative, individualism, and idealism, when in reality these are mostly words. We are a centralized managerial industrial society, of an essentially bureaucratic nature”. La subrayé porque no estaba de acuerdo. Nuestra naturaleza es ser libres, y creo poder decir que ahora lo somos más que en los tiempos de la Guerra Civil Española (1936), el nazismo, el stalinismo… Probablemente una de nuestras mayores virtudes como individuos es lograr percibir lo que a simple vista no se ve. No sólo ver los efectos inmediatos, sino evaluar las distintas posibilidades en el tiempo. No sólo considerar los efectos sobre un grupo, sino sobre todos los sectores… No sólo conformarse con creer, sino arriesgarse a dudar…

Esta corta novela, muy básica de leer, contiene una poderosa carga. Sobre todo cuando uno deja de sorprenderse por las acciones de quienes están en el poder, y se enfoca en los individuos que están siendo oprimidos. El rol de la educación también es un símbolo importante; la inteligencia de los líderes les permite someter a los demás y la forma en cómo ellos centralizan el poder de educar, termina teniendo consecuencias graves. No es nada lejano de lo que pasa actualmente con la educación pública. En la novela, como en el mundo real, a los políticos les conviene que la gente sepa menos (de ahí el uso de otras muchas herramientas descritas en la historia: canciones, propaganda, violencia, adoctrinamiento…)

Animal Farm refleja el actual discurso político, y es tan evidente, que es difícil creer que muchos no quieran verlo. Pero que sea evidente no implica que sea un libro que no valga la pena leer. Los símbolos y metáforas detrás de cada pequeño detalle de la historia la hacen más interesante. Y al final, resulta una novela oportuna: no es de sorprenderse notar que el mundo de hoy tenga pinceladas de esa obra escrita en 1945…

Aldous Huxley quizá merece mayor crédito con su obra Brave New World. Esta pieza de literatura utópica antecedió a la Alemania de Hitler, la Segunda Guerra Mundial, y el lanzamiento de la bomba atómica en lo que daría inicio a la Guerra Fría. De forma similar a 1984, Brave New World describe la forma en que un gobierno totalitario puede llegar a eliminar el concepto de la individualidad con el fin de preservar su estabilidad y poder. Probablemente la principal diferencia entre ambas obras es que en 1984 el control se mantiene por entes de un gobierno centralizado; mientras que en la novela de Huxley, el mayor componente de control y manipulación sobre los individuos es la tecnología. En la segunda novela, los mecanismos que se utilizan aspiran a darles a los individuos una ilusión de felicidad y plenitud que les permite  olvidarse de su propia libertad.

La importancia de estas tres novelas no recae en su carácter profético en cuanto a lo que podría suceder en unos años, sino en su carácter satírico en cuanto a lo que ya está sucediendo. Huxley lo describe muy bien en una frase: “Facts do not cease to exist because they are ignored”…

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