Cristianismo, Economía

La paradoja de la ayuda social

El viento y la lluvia anunciaban la llegada de otra ola de frío que nos envolvería inesperadamente, como suele ser el impredecible clima en mi país. Las nubes se amontonaban en el cielo sin dejar pasar un solo rayo de luz y la brisa fresca se colaba por todas partes insistente, logrando entrar de golpe con el estruendo de una puerta. En medio de la zona cinco, en una casa grande que parecía estar rodeada de muchísimas otras casas y personas, sólo se respiraba soledad en las calles. Tuve la oportunidad de visitar este lugar como una iniciativa que nació en medio de una conversación casual. Reuní a algunos conocidos, compré víveres, y en aquella fría mañana de diciembre nos adentramos al centro de la ciudad.

El Hogar San Vicente de Paul resguarda la vida de muchísimos ancianos que ya no pueden vivir solos o que han sido abandonados  por sus propias familias. El nombre del Hogar hace honor al Santo que dedicó su vida a la caridad. San Vicente se encargó de ayudar a los enfermos pobres, a los niños abandonados, a los soldados heridos, a los esclavos, a los ancianos desamparados, a los mendigos, a los refugiados de guerra… Me habría gustado conocer un poco de esta historia el día que planifiqué hacer una visita al Hogar. No me imaginaría que tiempo después, habría un valor intrínseco tan importante en las raíces de esta pequeña obra.

Cuando planeé organizar una mañana de voluntariado en San Vicente de Paul, no tenía idea de lo que nos esperaba. La casa, aunque pintaba un dejo de tristeza, tenía voz propia. Nuestro propósito principal era devolver la esperanza a este grupo de personas a quienes las circunstancias de la vida y el tiempo les habían arrebatado la luz del diario vivir. Por supuesto que yo estaba equivocada. La historia resultó ser todo lo contrario, y los que sentimos latir nuevamente el corazón fuimos nosotros. Los voluntarios. Los jóvenes. Los afortunados.

Fue entonces cuando conocí a Luis. Aferrado a su silla de ruedas con un gorrito para el frío y la mirada perdida, levantó su mano para saludarme en un intento por alcanzar mi dirección. Al ver directo a sus ojos azules, supe que era ciego. No tenía piernas pero sonreía como si no le hiciera falta nada. Fue así como comenzó para mí el verdadero aprendizaje, disfrazado de matices de colores que no se ven y de gestos que se sienten. Tomé la mano de Luis, quien se aferró a ese cariño que hace mucho no recibía y por primera vez en mucho tiempo, me gané a un verdadero amigo.

Entre juegos de preguntas y respuestas, pausas y anécdotas, chocolate caliente y galletas e historias inconclusas por los rezagos de la memoria, Luis me contó su vida con un brillo en los ojos. A lo lejos se escuchaba la marimba y él cerraba sus párpados cansados para sentir la canción con todos sus sentidos. Seguramente él veía más que todos los demás; él veía con el corazón. Veía con el alma lo que los demás con los ojos abiertos no podían ver. Veía para vivir, para inventar lo que no podía ver, para imaginar lo que quería conocer y para ir, sentir y creer. Su sonrisa revelaba el brillo de sus recuerdos, envueltos en un paño de luz sin colores. Dos horas sumergida en las mejores conversaciones de mi vida… Y el tiempo se acabó.

Como yo, los amigos y familiares que me acompañaron buscaron cada quien un compañero. Las historias que se escuchaban en la pequeña salita de visitas del Hogar eran tan pintorescas como estar viviendo esos mismos recuerdos compartidos, en vivo. Había quienes hablaban de sus aventuras de jóvenes, describiendo las calles de la ciudad, los paseos por el Centro Histórico, las historias de amor, las anécdotas divertidas… Otros recordaban con tristeza lo que tenían y lo que eran, y derramaban algunas lágrimas al mencionar a sus familias, quienes en algún momento tomaran la decisión de dejarlos en ese lugar. Muchos estaban enfermos, pero la mayoría conservaba aires de soñadores.

Cuando llegó la hora de irnos, y pude sentarme a recordar la experiencia en su total magnitud, no estaba segura de cómo sentirme. Probablemente habíamos hecho un pequeño cambio al compartir con estas personas, pero, ¿cuándo las volveríamos a ver? Los víveres que habíamos llevado seguramente servirían para uno o dos meses, pero, ¿y después de eso?

El verdadero propósito de esta historia se enlaza con un artículo con el que tropecé hace unas semanas. La publicación es de Kevin E. Schmiesing y se titula: “San Vicente de Paul: ¿denfesor del Estado de bienestar? El artículo es básicamente una crítica a una publicación previa de Thomas Worcester que intenta describir cuál sería la posición política de San Vicente de Paul si aún estuviera vivo. El autor describe que San Vicente “apoyaría un aumento en las leyes de salario mínimo”, y que sería un acérrimo defensor del Health Care Act impulsado por Obama, y de otros programas gubernamentales como Medicaid, Medicare, los cupones de alimentos (food stamps), los préstamos estudiantiles y los programas de becas de estudio. Schmiesing critica el anacronismo de Worcester, y con una sola frase rebate por completo lo que Thomas intentó describir en un artículo completo:

“Una cosa podría darse por segura: San Vicente de Paul habría considerado a cualquier política gubernamental como un elemento secundario en comparación con la obligación más crítica respecto del mandato de la caridad: la acción personal.

Schmiesing continúa con un simple, pero profundo análisis del verdadero deber moral, el cual no está reducido a simples votos políticos en espera de un cambio. Aunque señala que San Vicente no habría negado la ayuda de un programa de gobierno si confirmara que de hecho contribuía a suplir las necesidades de los más pobres, estableció claramente que antes que eso, existe una labor aún más grande (propuesta en el siguiente párrafo en negrillas):

“San Vicente no creía que su deber moral hacia el prójimo quedaba cubierto con el simple hecho de votar por un candidato determinado en una elección democrática. Tampoco creía que este deber quedaba cubierto cuando lograba convencer a una persona rica de que ayudara a los pobres, o cuando intentaba influir en las autoridades políticas para que ajustaran los resortes del poder para favorecer a los más necesitados, y que carecían de recursos y poder de lobby. Para san Vicente, la obligación de caridad se cumplía cuando ayudaba a los pobres con sus propias manos, cuando ayudaba a los enfermos o visitaba a los que estaban solos y abandonados. Sólo mediante este contacto personal con los necesitados él era capaz de comprender con la sensibilidad adecuada el carácter y la dimensión de sus necesidades. Sólo mediante este compromiso personal él fue capaz de compartir su vida en el ministerio de Cristo.”

Decidí escribir acerca de esto porque aunque he realizado actividades de ayuda muy pocas veces, siempre me quedo con la duda de si realmente estamos logrando un cambio o generando algún impacto. Me preocupaba pensar que estábamos mal-invirtiendo recursos. Irónicamente, el nombre de la institución a la que por primera vez llevamos ayuda, es la de un Santo que, con su ejemplo, demostró que donar nuestro tiempo y compañía es la mejor forma de ayudar a las personas que más lo necesitan. La ayuda material puede acabarse, pero las conversaciones, los recuerdos y la compañía a veces dejan un impacto mayor.

No hace falta esperar que los programas de gobierno solucionen la pobreza de nuestro país. La paradoja de la ayuda social es bastante simple: ¿por qué el gobierno habría de conocer cuáles son las verdaderas, múltiples, diversas, profundas y específicas necesidades de un número considerable de personas? Es imposible que ellos posean toda esa información. Quienes sí la tienen son las personas que tienen el coraje de dedicar su tiempo a compartir con los menos afortunados. Sólo así se llega a conocer la dimensión de las necesidades de los demás, y es entonces cuando la ayuda cobra un sentido totalmente diferente, y mucho más significativo.

Anuncios
Estándar

8 thoughts on “La paradoja de la ayuda social

  1. Claudia de Aragón dice:

    Tefy!! No sabes cuánto me llena leer estas líneas y saberte tan conquistada con Dios y sirviendo de levadura suya en el mundo para hacer crecer su Reino desde aquí. Me hiciste mi día! Lo leí desde principio a fin y lo voy a compartir con muchas personas. Por ti y otros como tú tengo tanta fe en la juventud. Sigue así, mi Tefy. Que no te dé nunca miedo de soñar y de luchar por hacer esos sueños realidad. Dios es fiel (1 corintios 1, 9: Dios siempre cumple sus promesas, y él es quien los llamó a vivir en unión con su Hijo Jesucrsto, nuestro Señor”.) ÀNIMO! ADELANTE Y ARRIBA!

    • Muchas gracias por sus palabras y por su apoyo incondicional, Claudia. Mucho de esto se lo debo a su gran labor como maestra. Sus enseñanzas prepararon las bases de mi camino espiritual. Un abrazo enorme.

  2. Derek dice:

    Que buen artículo mi amor, que bien le hace al alma recordárse de estas cosas que hicimos. Yo pienso que deberíamos de ir otra vez. Haber como están todos y conocer los nuevos que seguro debe de haber. Gracias por el recuerdo mi amor…

  3. Yoly dice:

    Comport que la company a Los ancients les háček delis, se Sid ten que valen. En esa relation ambas personas se realizan emocionalmente. Lo material es necesario pero no es lo mas importante

    • Gracias Yoly por ese especial aporte. Sin duda estas experiencias terminan siendo enriquecedoras para ambas partes, y uno termina recibiendo más de lo que esperaba dar…

  4. martina dice:

    Tefis,te lleve en mi vientre 9 meses, y aunque siempre fuiste linda, linda por dentro y por fuera y sabíamos que serias una triunfadora de “tus propias batallas”, al leer cada uno de tus artículos, quiero decirte mi gorda linda, que has superado todas nuestras expectativas, no te detengas!, siempre hay algo mas. Con amor: mama

  5. monica o. dice:

    Teffy te felicito que bonito artìculo una narrativa que nos hace meditar que las politicas publicas deben de partir desde la acciòn individual para beneficio de la comunidad. Erasmo y Mònica

  6. Jorge Castillo dice:

    Tefi linda me encanta tu forma de ver la vida, jovenes como tu son los que necesita Guatemala.!!! estoy super orgullosa y me siento afortunada de que lo compartas conmigo!!!!
    Son muy pocas las personas que tienen esa habilidad tan grande de ver a los que la sociedad hace invisibles. Dios te bendiga mi linda hermoso articulo y hermoso corazon el que tenes!!! Un abrazote
    Eu

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s