Uncategorized

Savannah

Escapamos a Savannah en un viernes de junio. Rentamos un carro entre 7 y sin pensarlo ni planearlo demasiado, nos aventuramos a salir de Georgia por un fin de semana. El reto era regresar a tiempo el siguiente lunes  para asistir al seminario de Economía en el que todos estábamos inscritos, y por el que todos nos habíamos conocido… Lo primero que hicimos al llegar fue buscar un hotel donde quedarnos, pero por ser temporada alta, la mayoría de lugares estaban llenos, especialmente cerca de la playa y la ciudad. Ninguno de nosotros había estado aquí antes, por lo que virar en cada esquina era toda una nueva experiencia. Las calles estaban salpicadas con los rayos del sol y sus orillas estaban decoradas con hermosos jardines tapizados con flores de distintos colores. Las fachadas de las casas estaban intactas y parecía que estaban congeladas en el tiempo, ajenas a las remodelaciones industriales y la tecnología más moderna.

Después de tocar muchas puertas y conocer muchos hoteles que excedían por mucho nuestro presupuesto de turistas desubicados, por fin encontramos un lugar que parecía lo suficientemente adecuado. El precio parecía razonable, el lugar era céntrico, y a nosotros se nos habían agotado las opciones. El dueño del lugar revirtió nuestra concepción inicial de la aventura. El señor parecía salido de un cuento de terror, hablaba con un tono muy bajo, y lo primero que dijo al acomodarnos en las habitaciones fue recomendarnos tomar el “Tour de Terror” que ofrecían por las noches en un busito pintado de fantasmas y lunas llenas, para conocer las casas “embrujadas” de Savannah. También nos dio un par de indicaciones mas; no conectar nada a los enchufes porque podría haber una explosión, y no caminar demasiado por los pisos de madera del segundo nivel porque la casa era demasiado antigua y en cualquier momento podría derrumbarse. Todos nos vimos y comenzamos a reír; la mitad de nosotros, porque no se lo creía, y la otra mitad, porque no pudieron ocultar sus nervios (por cierto que nuestras habitaciones estaban, naturalmente, en el segundo piso de la pequeña casa).

Por suerte la noche transcurrió con mucha normalidad. La “pensión”, como decidimos llamarla de cariño, albergaba a algunos otros turistas, la mayoría mochileros, que viajaban en busca de aventura. Más que eso, viajaban para deslumbrarse con los atributos de la ciudad: playa, arte, música, caminatas, museos, aire fresco, sol… Habían unos cuantos alemanes e ingleses y el resto éramos nosotros. Una inusual y divertida combinación de guatemaltecos, ecuatorianos y estadounidenses. Al día siguiente buscamos la playa en el mapa, y partimos para disfrutar la cúspide de nuestro verano. Sobre la arena resaltaban sombrillas de distintos colores y estampados, y por todas partes se veían personas caminando de un lado a otro sin ningún rumbo, solo disfrutando del momento que tenían entre manos. Conocimos la ciudad de noche, y la vimos vestida con sus mejores galas: luces de colores que alumbraban los muelles, restaurantes coloridos que dejaban salir por sus puertas y ventanas el sabor de la música en vivo, personas de todas partes del mundo conociendo curiosas cada rincón de las calles estrechas… Escuchamos  a un saxofonista darle un atributo a la vida con su inigualable interpretación a la orilla del río, y caminamos sin cansarnos por las distintas calles y avenidas, admirando las pinturas exhibidas en las vitrinas de las escuelas de arte…

Los parques en Savannah resplandecían con árboles adornados con hojas de colores. Aunque era verano, había hojas secas acolchonando las banquetas como en primavera. En medio de una fresca brisa que desprendía los pétalos de sus tallos, volaban entre nosotros conversaciones realmente auténticas, recubiertas con temas que iban desde política y economía, hasta ciencia, literatura, religión y libertad. Intercambiar ideas con personas que provienen de lugares distintos y que tienen concepciones diferentes de los mismos temas, fue una experiencia realmente enriquecedora. Conocí a personas increíbles y de todas aprendí un poco, e incluso prendí a valorar el significado de intercambiar 5 o 6 palabras con un total desconocido en la fila para servirse café…. (Quien tiempo después pasaría a ser de mis amistades más preciadas).

Savannah es una de mis memorias más especiales porque marcó con tinta indeleble el inicio de una permanente decisión para mi futuro: estudiar economía. Cuando volví a Guatemala después de tres semanas en Atlanta, no tenía una sola duda. Probablemente la experiencia fue muy significativa no sólo por lo que aprendí de los libros, los autores, los economistas, los profesores y las conferencias, sino por lo que me enseñaron personas como yo; jóvenes comprometidos en un infinito debate por defender la libertad.

No creo que haya una lección más importante que aprender en tan solo un viaje de verano…

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s