Cristianismo

Determinismo, Voluntad y Libertad

Escribo insistente para encontrar respuestas. Desde hace mucho tiempo he pensado que al dejar plasmados mis pensamientos en un papel, de alguna forma las ideas comienzan a tomar forma, a moldearse, a adaptarse al contexto, a crecer… Siempre he esperado que escribir sea una herramienta efectiva para poder interpretar (además de un bálsamo eficiente contra el olvido y el paso del tiempo). Pero también escribir a tenido un propósito más trascendente en mi vida; pretendía que ello me ayudara a ser capaz de comprender la voluntad de Dios. De hecho fue así como comencé a escribir en este espacio, con Letras Hundidas que poco a poco se han ido asomando a la superficie.

En mi búsqueda por conocer cuál es la voluntad de Dios para mi vida, he descubierto un intrínseco y esencial vínculo con otro tesoro muy preciado: la libertad. Eclesiástico 16:14 dice: “El hizo al hombre al principio, y le dio libertad para decidir”. Desde hace mucho tiempo atrás, hay quienes han convenido el resultado de las circunstancias de su vida a una mera elección de Dios. Muchos aún piensan que Dios causa tanto el bien como el mal, y que la mejor forma de explicar las cosas que no podemos entender, es atribuirlas a un Ser Superior cuyos motivos y razones son de cajón incomprensibles. En realidad resulta una alternativa muy cómoda: cada vez que nos sorprendemos bajo ciertas circunstancias (buenas o malas) lo más fácil es decir que se debe a que “Dios lo quiso así”. Sin embargo este pensamiento es erróneo desde sus raíces. Para empezar, Dios no puede ser origen del mal. El es el creador del bien y del orden cósmico, y sería incongruente ir contra sí mismo. Por otro lado, El nos da libertad para elegir. La hemos tenido desde el principio, como lo demuestra profundamente la escolástica tomista. Entre las proposiciones de Santo Tomás en cuanto al libre albedrío está la posibilidad de cambio, en la que el individuo tiene la oportunidad de adquirir una nueva determinación (está en potencia para ello); y la teoría de la causa final, en la que todo agente obra por un fin. Santo Tomás sostuvo que, en efecto, la voluntad humana, frente a los bienes finitos (parciales, “de este mundo”) no está necesariamente determinada, sino que se autodetermina. La libertad se da precisamente en la elección de los medios que conducen al fin (suma Teológicay es una característica necesaria de la conducta racional.

Hace algunos años, cuando leí Ética para Amador de Fernando Savater, grabé para siempre en mi memoria el ejemplo que el filósofo da para explicar el determinismo y la libertad. Como representación del primero, Savater relata el caso de las termitas en África, quienes levantan impresionantes hormigueros de varios metros de alto como caparazón colectivo contra ciertas hormigas enemigas. En ocasiones, naturalmente, uno de esos hormigueros se derrumba, por lo que las termitas-obreras se ponen a trabajar de inmediato para reconstruir su dañada fortaleza mientras las grandes hormigas enemigas se lanzan al asalto. Pronto, las termitas-soldado salen a defender la tribu e intentan detener a las enemigas. Como por su tamaño no pueden competir con ellas, se cuelgan de las asaltantes intentado frenar todo lo posible su marcha. Las termitas obreras trabajan con toda celeridad y se ocupan de cerrar otra vez el termitero destruido… pero lo cierran dejando fuera a las pobres y heroicas termitas que sacrificaron sus vidas por la seguridad de los demás.

Como contraparte, Savater hace referencia a la Ilíada de Homero, cuando Héctor, el mejor guerrero de Troya, espera luchar contra Aquiles para cumplir su deber de defender a su familia y a sus ciudadanos. Nadie duda de que Héctor es un valiente héroe, pero, ¿porqué su valor nos parece más auténtico que el de los insectos que sacrifican su vida por los demás?

Savater presenta estas historias de modo que las podría entender un niño de 8 años, pero ¿cuántas veces nos hicimos este tipo de pregunta antes? La diferencia principal en ambas historias estriba en que las termitas luchan y mueren porque tienen que hacerlo (biológicamente están programadas para cumplir con esa misión). El caso de Héctor sin embargo, es diferente; el sale a enfrentarse con Aquiles porque quiere. Savater describe sencillamente que “con los hombres uno nunca puede estar seguro de todo”. Por mucha programación cultural que tengamos, los hombre siempre podemos optar finalmente por algo que no esté en el programa. Eso es libertad. La conducta humana está permanentemente abierta al mundo y constantemente nos afrontamos con un amalgama de opciones e inevitables diferencias. Tales diferencias son precisamente el resultado del libre albedrío, como producto de las distintas voluntades de cada individuo.

Un amigo muy especial compartió conmigo un pasaje bíblico que en primera instancia fue lo que me impulsó a escribir sobre este tema. “Cuenta con él en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”. (Proverbios 3:6). Cuando compartió conmigo su interpretación, resaltó la forma en que el pasaje refleja la oportunidad que tenemos de actuar, de luchar por lo que nos apasiona, de elegir de acuerdo a nuestra voluntad… La segunda parte, sin embargo, recalca que al hacerlo al lado de Dios, El se asegurará de enderezar nuestros caminos, si en caso nos equivocamos. Esto significa que Dios nos da la libertad para tomar acción, para escoger, para equivocarnos (tal como lo hacen los auténticos emprendedores), y luego nos ofrece su inmenso amor y gracia para levantarnos por si en algún momento tropezamos. Por supuesto, al tomar decisiones es necesario saber prevenir, pero esto nada tiene que ver con el determinismo. La libertad tiende puentes desde lo que somos hoy hasta lo que queremos llegar a ser en el futuro, lo cual implica anticipar o prever… En eso consiste la prudencia. Es el arte de dar los pasos oportunos para conseguir lo que se desea; pero ojo, “dar los pasos oportunos” no depende de nadie más que de nosotros.

Proverbios es verdaderamente un libro esencial. Fue en medio de estas palabras donde encontré el verdadero poder de las Escrituras, y es el libro que recomendaría a cualquiera que tenga deseos de conocer más sobre la Palabra de Dios. El en capítulo 16 hay otros versículos especiales sobre este mismo tema:

* “Del hombre son los proyectos, su formulación viene del Señor”. (Proverbios 16:1)

* “La mente del hombre traza su camino, pero el Señor dirige sus pasos”. (Proverbios 16:9)

* “El hombre considera rectos sus caminos, pero es el Señor quien pesa los corazones”. (Proverbios 21:2)

Personalmente, lo que puedo concluir de estos versículos no es más que la máxima representación del amor de Dios a través de la libertad que nos da para elegir. La primera parte de cada pasaje hace referencia a una acción personal, libre e individual, mientras que la segunda no es más que una garantía del respaldo de Dios en cada una de estas decisiones (siempre y cuando sean las correctas; de no ser así, al “contar con Dios en todos nuestros caminos… El enderezará nuestras sendas”).

Existen, por su puesto, limitaciones al libre albedrío. Gabriel Zanotti las describe sistemáticamente en “El libre albedrío y sus implicancias lógicas”. Zanotti menciona como factores limitantes el miedo y la violencia, la ignorancia, los condicionamientos psicológicos, el determinismo lógico y el determinismo sociológico. Si tuviera que resumir las descripciones de todas estas limitaciones en una sóla frase: “[…] el hecho es que por supuesto toda acción está causada, en el sentido de la causa final, pues todo agente obra por un fin, y todo fin es un bien para el agente, pero, nuevamente, no es un bien que lo determine necesariamente. ‘Causada’ no es igual a ‘determinada necesariamente’.” Aunque en ciertas áreas existan cierto tipo de predisposiciones o limitaciones, nosotros tenemos la última palabra para elegir. En el cuento de Savater, Héctor pudo haber inventado cualquier excusa con tal de no tener que enfrentar a Aquiles, o simplemente pudo haber huido sin dar explicaciones. Pero esa capacidad de decir “sí” o “no”, moldea nuestras libres decisiones.

Volviendo a Proverbios, es difícil dejar de resaltar que cada frase comienza necesariamente con un curso de acción personal. Esto podría ser un fiel reflejo de la praxeología de Mises en cuanto a que la acción humana implica el intento deliberado de pasar de un estado menos satisfactorio a otro más satisfactorio. Esto marca una evidente pauta diferencial entre una “acción” y una “reacción”, y tiene aplicaciones prácticas muy amplias. Tanto en el ámbito cataláctico, como en el político, filosófico, y religioso. En suma, la lección detrás de esto es muy sencilla de ver; si los hombres fuéramos omniscientes y pudiéramos conocer todo lo que afecta nuestras decisiones actuales y futuras, estaríamos dejando cada vez más la libertad al margen.

Y terminando por donde comencé… justo hace unos días tropecé con un artículo de David Platt describiendo cómo muchas veces, con las mejores intenciones, intentamos buscar métodos para comprender mejor la voluntad de Dios. Pero, ¿qué pasa si la voluntad de Dios nunca fue pensada para ser encontrada? De hecho, ¿qué pasa si nunca fue “oculta” para nosotros en primer lugar? Esto me llevó a pensar que tal vez haya algo más importante que buscar e intentar interpretar la voluntad de Dios, y que al final del día, se trate más bien de conocerlo y de confiar en El. El artículo resalta cómo en nuestra naturaleza humana está buscar por fórmulas mecánicas y atajos para comprender lo trascendental, cuando en realidad el propósito de Dios no es llevarnos del punto A al punto B a través de la ruta más corta, simple, y clara posible… El propósito de Dios es que mantengamos una permanente relación con El, y esto no es algo que se debe encontrar; es algo que se debe perseguir.

Comprender la voluntad de Dios no es algo que se pueda encontrar en un mapa con indicaciones concisas; tampoco será una voz que escuchemos en el silencio de nuestra soledad, ni tampoco una señal alineada con nuestras acciones (“si es demasiado difícil lograrlo, seguramente no está en los planes de Dios…”) Vivir de acuerdo a la voluntad de Dios es precisamente eso: vivir, actuar, crear, servir, entregarse, buscar la verdad, dar… Sólo cuando estemos profundamente concientes de la libertad que poseemos para realizar estas acciones, seremos verdaderamente libres. Y la verdadera libertad se encuentra en la entrega, en el desprendimiento, en la capacidad de dar sin recibir… No es necesario preocuparnos por conocer la voluntad de Dios cuando en realidad fuimos hechos para ser parte de ella. En vez de preguntarnos cuál es su voluntad, debemos preguntarmos si nuestras acciones (libres y personales) están alineadas con la vida que El nos ha revelado.

Dios nos ha permitido ser emprendedores, y nunca es tarde para emprender el viaje en búsqueda de la verdad, que al final de todo, “nos hará libres…” (Juan 8:32)

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2 thoughts on “Determinismo, Voluntad y Libertad

  1. Derek dice:

    Dios nos pone caminos muy difíciles en la vida, y a algunos se los pone muy fáciles, pero no hay victorias que se disfrutén más que la que nos fueron difíciles de alcanzar. Por eso hay que Vivir nuestro presente encaminandonos en las veredas que queremos para nuestro futuro.
    Debemos hacer que nuestros actos demuestren confianza en lo que Dios a puesto en nuestras vidas para que seamos felices, y si no bastan nuestros actos debemos ser nosotros mismos los que Creemos esa confianza por medio de las decisiones tomadas.
    Servir a la voluntad de Dios siempre en todos los caminos que el nos pone en la vida, porque de alguna forma todo lo que nos pasa en la vida es porque el así lo quiere para nosotros, y nuestro deber es obedecerlo y aferrarnos a lo que ya nos ha dado, siempre y cuando sea en el mismo camino que el ya nos ha fijado, sin perder la directriz y las limitaciones en un mundo real. Debemos entregarnos a ojos cerrados a esas oportunidades que ya tenemos y que no nos están desviando de un camino realista en este mundo difícil. En resumen debemos mantener nuestros objetivos de vida presentes en todo lo que nos ocurre, para saber si estamos manteniendo el camino corecto en este mundo actual tan difícil.
    Vivir, actuar, crear, servir, entregarse, buscar la verdad, dar…

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