Ficción, Literatura, Vida

Sincronía perfecta

Cuando el día se transformó en noche comenzaron a bajar las primeras estrellas. El mundo, envuelto en una sábana de silencio y perpetuidad, se quedó estático, como esperando a que algo mágico ocurriera. Las conversaciones que bailaban por las calles con tanto frenesí regresaron a sus hogares para acomodarse en una repisa frente a la mesita de noche de sus dueños. Las ideas y los grandes proyectos se paralizaron, tomando un descanso del fervor del día a día. Las palabras y las acciones se guardaron en un baúl, ajenas a una realidad cambiante y temerosas de salir en plena obscuridad. Y mientras una mitad del mundo dormía, la otra mitad comenzó a despertar…

Las calles se tapizaron de una infinidad de colores que abrían paso a la más digna expresión del ingenio y la creatividad humana: el mercado. Había personas y cosas por todas partes, y los números que hacían alarde a precios volaban impacientes entre los escaparates de las tiendas y las banquetas de las avenidas. Distintas personas con distintas valoraciones intercambiaban sus bienes, y los sentimientos de descontento y frustración no hallaban cabida en medio de tanta fanfarria y alboroto. Aunque nadie provenía del mismo sitio, todos hablaban el mismo idioma. Las transacciones se basaban en la más auténtica intención de hacer un acuerdo en el que ambas partes salieran beneficiadas. En la costa de aquella colorida ciudad, las ideas nadaban incansables. Tocaban la orilla de la playa cuando alguien lograba una perfecta armonía entre sueños, voluntades y acciones. Muchas otras se quedaban flotando en altamar, esperando por algún barco pesquero que les lanzara alguna malla, o por algún faro de luz que les indicara que estaban por tocar tierra. La espuma del mar se acumulaba en las orillas, dándole forma a las ideas que habían logrado salir, y esculpiéndolas detalladamente antes de que tocaran la arena.

Las acciones espontáneas de muchos individuos se colaban por los vericuetos de las puertas y esparcían su efecto por cada calle y avenida. El aire tenía un aroma puro a tolerancia y respeto; como un bálsamo efectivo contra las injusticias y la violación a la libertad. La libertad, ahora que entra en escena, se paseaba casi invisible entre las personas, las ideas, las acciones y el lenguaje. Era la principal promotora de las obras más genuinas de bondad y amor, y sólo se enemistaba con los Predeterminados y los Irresponsables.

A los puertos de la ciudad llegaban enormes embarcaciones llenas de idiomas, culturas, recuerdos y aventuras. El patrimonio de la ciudad frente al mar estaba tejido con distintos tipos de tela, cada una proveniente de un punto distinto de la superficie terrestre. Las interrupciones y enredos para poner en práctica el más singular fruto de la libertad se quedaban atascadas en los horizontes del mar, incapaces de mezclarse con las pasiones de los individuos. No existían líneas imaginarias que definieras las fronteras; la vida se vivía en una perfecta sincronía con lo que se tenía y con lo que se creaba. A medida que las ideas y las emociones se hachaban a volar, el mundo se hacía cada vez un lugar un poco mejor.

Mientras todo esto toma lugar aquí, del otro lado de la Tierra la penumbra sigue ahogando las iniciativas de las personas. La sincronización de tanta pluralidad está truncada por el peso de la noche y de otras tantas cosas que han hecho menos largos los días…

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2 thoughts on “Sincronía perfecta

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