Cristianismo, Reseña

¿Qué significa ser Cristiano?

En un intento por indagar en la esencia más concreta del Cristianismo y de la fe, me sumergí en las páginas de Cristianismo y nada más, de C.S. Lewis. Mi encuentro con el libro fue algo más íntimo que impersonal. Decidí leerlo para conocer mejor acerca de lo que elegí creer, y el recorrido a través de sus páginas esclareció verdades a medias y desempolvó razones ocultas. Aunque hacer una sistematización completa del pequeño libro que reforzó mi fe es una tarea que aún con mucho esfuerzo quedaría fragmentada, el siguiente es un intento para recorrer los 20 aprendizajes más importantes que me ha dejado la obra.

1. La ley de la naturaleza humana:

Existe una ley natural que determina lo que está bien o lo que está mal y no está conformada por posturas relativistas, instintos o convenciones sociales. La lay moral compone una especie de melodía, pero como en un piano, no tiene dos clases de notas (correctas y equivocadas). Por el contrario, cada una de las notas es correcta en un momento dado y equivocada en otra. Esta ley debe ser algo auténtico, algo que ya está ahí y que no ha sido inventado por nosotros.

2. Lo que está detrás del universo se parece más a una mente que a cualquier otra cosa que conozcamos; es consciente y tiene fines.

La pregunta principal que los hombres nos hemos hecho desde siempre es si el universo es lo que es sin ninguna razón, o si hay algún poder detrás de él que lo hace ser lo que es. Existen tres posturas generales que intentan responder a la pregunta:

A. La postura materialista, que sostiene que la materia y el espacio sencillamente existen y siempre han existido, y que atribuye el conglomerado de circunstancias de la vida a coincidencias físicas y químicas que generaron, con una dosis de suerte, seres con vida como nosotros

B. La postura religiosa, en la que el universo fue creado por una mente con fines y propósitos; y

C. La postura de la evolución creativa (George Bernard Shaw), que atribuye la formación de todo a una fuerza vital, y no a una combinación de coincidencias al azar. Si por fuerza vital se hace referencia a algo que tiene mente, la explicación es muy similar con la religiosa, y si no la tiene, ¿qué sentido tiene decir que algo que no tiene mente se “esfuerza” o “tiene un propósito”? (p. 44). *

* Lewis argumenta que una de las razones por las que las personas encuentran tan atractiva la idea de la evolución creativa es que les da una gran parte del consuelo emocional de creer en Dios, y los exime a la vez, de las consecuencias menos agradables. “Todas las emociones de la religión y ningún precio que pagar por ellas”. (p. 44)

3. Dos pequeñas pruebas de la existencia de Dios: el Universo y la Ley moral.

Basta con detenerse un momento y hacerse partícipes, en su totalidad, de lo que nos rodea. La perfección de la naturaleza, la sublimidad de los momentos que conforman la vida, la dispareja y a la vez perfecta, conformación de las emociones y acciones de los individuos, la infalibilidad de los instantes… Dios verdaderamente es un gran artista, y su obra se ve reflejada en el pintoresco universo que optó por crear. En cuanto a la ley moral, Lewis lo describe con una frase: “Se descubre más acerca de Dios a través de la ley moral que a través del universo en general, del mismo modo que se descubre más acerca de un hombre escuchando su conversación que mirando la casa que ha construido” (p. 46).

4. Dios está separado del mundo

No todo lo que se encuentra en el mundo es parte de Dios. Quienes piensan lo contrario son los panteístas, quienes conciben al universo, la naturaleza y Dios en una misma línea, como si fueran equivalentes. Lo cierto es que Dios se encuentra en un plano superior, y algunas de las cosas que suceden en este mundo son contrarias a su Voluntad.

5. El cristianismo no pudo haberse adivinado

No sirve de nada una religión sencilla. “En mi experiencia, la realidad, además de ser complicada, suele ser extraña. No es nítida ni obvia; no es lo que se espera. Por ejemplo, cuando has comprendido que la tierra y los demás planetas giran alrededor del sol, esperarías, naturalmente, que todos los planetas hubieran sido creados parejos… que todos estuvieran a igual distancia unos de otros, o a distancias que aumentaran regularmente, o que todos fueran del mismo tamaño… Como todos sabemos, de hecho no hay consonancia alguna (que podamos ver) en sus tamaños o las distancias que los separan, y algunos de ellos tienen una luna, uno tiene cuatro, otro tiene dos, algunos no tienen ninguna… La realidad suele ser algo que no habrías podido adivinar. Esa es una de las razones claves por las que creo en el cristianismo. Es una religión que no podría haberse adivinado” (p. 58).

6. ¿Cómo puede suceder algo contrario a la voluntad de un ser con poder absoluto? Si un Dios bondadoso ha creado el mundo, ¿porqué existe tanta maldad?

La respuesta a estas preguntas se resume en dos palabras: libre albedrío. Al tener la libertad para ser bueno, también se tiene la libertad para ser malo; pero si Dios prefirió darnos la opción de ser libres, a convertirnos en meros autómatas sin capacidad de elegir y actuar, probablemente el que existan acciones no necesariamente buenas, sea un precio que valga la pena pagar. La libertad es lo único que permite que florezca en nosotros lo más puro y lo más bondadoso. Las grandes expresiones de creatividad, de emprendimiento, de valentía, de coraje, de triunfo, de fe, son producto de la libertad que tuvimos en un inicio para elegir perseguir nuestras quimeras.

7. La muerte de Cristo nos ha otorgado un nuevo comienzo

Como cristiana, la pasión de Cristo y el sacrifico que hizo con su propia vida para perdonar nuestros pecados es la muestra de amor más grande en la que puedo pensar. Aún más allá de la religión y el significado histórico de este acto de amor desinteresado y entrega ciega, este capítulo en particular de la vida de Jesús es el que le roba a tantos cristianos las lágrimas y el aliento. Sin embargo, es válido preguntarse (yo lo hice inconcientemente muchas veces antes): si Dios estaba dispuesto a perdonar nuestros pecados, ¿porqué no lo hizo sin más? ¿Qué sentido tenía castigar a cambio a una persona inocente? (p. 73) Realmente no tiene ningún sentido si, como lo describe Lewis, se piensa en un castigo como los que inflige un juzgado. Es mucho más fácil comprender la grandeza de este episodio en la vida de Jesús y en nuestra vida como cristianos, al pensar más bien en una deuda: “tiene mucho sentido el que una persona que tenga medios pague en nombre de otra que no los tiene”. Y cuál fue el lío en el que se habían metido los hombres, como para que Jesús tuviera que tomar la responsabilidad para sacarnos del problema? “El hombre había intentado valerse por sí solo”.

8. Una de las razones por las que no se necesita una educación especial para ser cristiano, es que el cristianismo en una educación en sí mismo (p. 93).

En cuanto a la teología cristiana (“ciencia de Dios”), el libro la metaforiza con un ejemplo muy práctico: un hombre creyente dijo alguna vez que rechazaba la teología. Defendía que el sabía de la existencia de Dios porque lo había sentido solo, en el desierto, por la noche, en medio de un misterio y un silencio envolvente. De tal forma, al volver a los credos cristianos, sintió que estaba volviendo de algo real a algo menos real.

De igual forma, si uno ha visto el Atlántico desde la playa y luego mira un mapa del Atlántico, sentirá que se está volviendo de algo real a algo menos real. Sin embargo hay dos cosas importantes acerca del mapa: primero, que está basado en lo que miles de personas han averiguado al navegar por el auténtico océano. En segundo lugar, si se quiere ir a alguna parte, el mapa es inminentemente necesario. C.S. Lewis dice que la teología es como el mapa: “el solo hecho de aprender y pensar acerca de las doctrinas cristianas, si nos detenemos ahí, es menos real que la experiencia que el hombre tuvo en el desierto. Las doctrinas no son Dios: son sólo una especie de mapa. Pero ese mapa está basado en la experiencia de muchísimas personas que estuvieron en contacto con Dios, y si se quiere llegar más lejos, se necesita usar del mapa.

El punto principal es que aunque las experiencias personales con Dios son enormemente gratificantes y reales, nada puede salir de ellas. Es por eso que una religión vaga -en la que se siente a Dios en la naturaleza, por ejemplo-, es enormemente atractiva: contiene muchas emociones, y demanda ningún esfuerzo. En conclusión: la teología es práctica.

9. Dios no quiere que sigamos un manual para obedecer un conjunto de reglas; El quiere que seamos personas virtuosas

Yo misma he caído muchas veces en el error de pensar que el cristianismo se reduce a seguir las instrucciones de un manual y que es muy claro saber qué es lo que se debe hacer y qué no. De lo que en realidad se trata es de ser un determinado tipo de persona, una persona virtuosa. “Un hombre que persevera en hacer buenas acciones adquiere al final una cierta cualidad de carácter”. Esto es a lo que el autor denomina virtud (p. 95). De ahí la importancia de cada una de nuestras acciones. Lo que elegimos ser y hacer nos transforma en cuanto a lo que éramos antes, y cada pequeña acción, por insignificante que parezca, nos acerca o nos aleja más a ser el tipo de persona que Dios espera de nosotros.

10. La caridad es una parte esencial de la moral cristiana

Escribí antes acerca de este tema aquí.

11. Es necesario abrazar la finitud de la vida.

Gabriel Zanotti me dijo en alguna oportunidad que desprenderse no es fácil, y que toma tiempo y práctica. La mejor forma de empezar es poniendo nuestros proyectos en manos de Dios. Él lo ejemplificó diciendo que cuando uno está entusiasmado con algo (como escribir un libro, triunfar en el deporte, obtener una maestría…), a veces dedica tanto tiempo a pensar en ello, que olvida que el significado de ese mismo sueño debería apuntar siempre a algo más trascendental.

12. “La auténtica prueba de que estamos en presencia de Dios es que, o nos olvidamos por completo de nosotros mismos, o nos vemos como objetos pequeños y despreciables. Y es mejor olvidarnos por completo de nosotros mismos”.

Este punto se opone radicalmente a quienes concuerdan con la virtud del egoísmo. Pero a pesar que Ayn Rand exaltó la importancia de los emprendedores y minimizó el sobreestimado concepto del colectivismo; los mercados, las interacciones individuales y la vida misma no giran por el egoísmo latente en las decisiones de cada persona. Es cierto que en un mercado libre, por ejemplo, cada persona puede perseguir sus propios fines, y esto puede generar un orden que no estaba predestinado, y que de hecho, funciona. La principal diferencia que vale la pena remarcar aquí es entre el interés personal, y el egoísmo. A pesar de que sigamos nuestros propios intereses, como Cristianos, es necesario saber desprenderse (prometo escribir más sobre esto en el siguiente post…)

“Las únicas cosas que podemos guardar son aquellas que le damos libremente a Dios. Lo que intentamos guardarnos para nosotros es justamente lo que con toda seguridad perderemos” (p. 221).

13. Toda nuestra educación tiende a fijar nuestras mentes en este mundo. Sin embargo, hay que buscar trascendencia

14. El Cristianismo es cuestión de fe

“Algunas de las principales doctrinas del cristianismo serán deliberadamente expuestas a nuestra mente todos los días” (p. 153). De acuerdo a Lewis, ni esta creencia, ni ninguna otra, permanece automáticamente viva en nuestras mentes. De ahí la importancia de alimentarla (oraciones diarias, lecturas religiosas, acudir a la Iglesia)…

15. “Lo más importante que aprendemos de un intento serio de practicar las virtudes cristianas es que fracasamos” (p. 154).

El camino de vuelta hacia a Dios es un camino de esfuerzo moral, y de intentarlo cada vez con mayor empeño.

16. “La teología es, en un sentido, conocimiento experimental. Son las religiones sencillas las que deben inventarse”. (p. 175).

17. Dios está fuera y por encima de la línea del tiempo

Este es un tema del que voy a escribir más adelante.

18. Los cristianos no tienen porqué creer que las demás religiones están simple y totalmente equivocadas.

19. El cristianismo no es fácil:

“El auténtico problema de la vida cristiana aparece allí donde la gente no suele buscarlo. Aparece en el instante mismo en que te despiertas cada mañana. Todos nuestros deseos y esperanzas para el nuevo día se precipitan sobre nosotros como bestias salvajes. Y lo primero que ha de hacerse cada mañana consiste sencillamente en echarlos atrás: en escuchar aquella voz, adoptando aquel otro punto de vista, dejando que aquella otra vida, más grande, más fuerte y más silenciosa fluya en nosotros. Y así todo el día. Apartándose de todos nuestros remilgos y resquemores; protegiéndose el viento” (p. 207).

20. “Si eres buena persona: cuidado. Mucho se espera de aquellos a quienes mucho se les da” (p. 222).

“Un mundo de buenas personas, satisfechas con su propia bondad, sin mirar más allá, dándole la espalda a Dios, estaría tan desesperadamente necesitado de salvación como un mundo miserable… e incluso podría ser aún más difícil de salvar” (p. 223).

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