Economía

Los economistas cuentan historias!

As civilized human beings, we are the inheritors, neither of an inquiry about ourselves and the world, nor of an accumulating body of information, but of a conversation begun in the primeval forests and extended and made more articulate in the course of centuries.

(Oakeshott 1933, p. 490).

A diferencia de la concepción general que se ha llegado a tener en los últimos años acerca de la Economía, ésta ciencia posee un carácter histórico y no predictivo. Tal como los geólogos o los historiadores, los economistas desean ser publicados, escuchados y entendidos, y es a partir de esta simple aseveración de donde se desprende la importancia de la retórica en la economía, y de la economía como una conversación.  La relevancia de saber contar historias no se reduce a un mero mecanismo para buscar ser entendido. Más que eso, es una herramienta para describir, persuadir y argumentar, y dentro del carácter hermenéutico de una ciencia en la que se necesita conocer el argumento general para entender los detalles, y los detalles para entender el argumento, la economía surge como una ciencia practicada por auténticos novelistas y poetas que se sirven de recursos literarios para conseguir ser escuchados.

La importancia de las historias es evidente por sí misma: imparten significado. Al escribir un apartado sobre el enfoque institucional de la informalidad en Guatemala, Javier Calderón y Lisardo Bolaños (2006) se sumergen en una pesquisa para indagar en las causas del elevado nivel de economía informal. Para ello, usan una colección de formas literarias que no se aleja demasiado de lo que se podría encontrar al tomar una novela de un anaquel literario. La naturaleza sincrónica de la Economía les permite utilizar la historia como la materia prima para el argumento, para luego complementarla con recursos literarios que respaldan tanto el razonamiento matemático, como el teórico.  En su libro The Rethoric of Economics (1998), Deirdre McCloskey resalta que la forma literaria más importante en el campo económico es la metáfora. “To say that markets can be represented by supply and demand ‘curves’ is no less a metaphor than to say that the west wind is the ‘breath of an autumn’s being’” (p. 40). Identificar las metáforas usualmente es menos complicado para quienes no son economistas. Los economistas están plenamente habituados a hablar de “ciclos”, “funciones”, “depresiones”, “equilibrio”, “competencia”, y otro extenso repertorio de términos que definen en gran parte importantes principios económicos. Algunos son más evidentes que otros, como la famosa “mano invisible” de Adam Smith. Aunque parezca contradictorio, muchas de nuestras convicciones filosóficas y económicas están determinadas por simbolismo y no proposiciones, metáforas y no enunciados, analogías y no meras comparaciones… Max Black, un filósofo influyente que ha realizado importantes contribuciones en el campo de la filosofía del lenguaje, resaltó que “el pensamiento metafórico es un modo distintivo de alcanzar revelación, no un mero sustituto ornamental para los conceptos” (1962). Por su parte, C.S. Lewis (1939), argumentó que “cualquier conversación sobre causas, relaciones, estados mentales o actos es incurablemente metafórica”.

El poder de las figuras literarias

McCloskey (Ibíd., 1998), escribe convencida que a pesar de que la Economía es científica, es además literaria. Para ello esboza una serie de argumentos que entrelazan aspectos básicos de carácter económico con otros elementos que dejan al margen las atribuciones científicas en sustitución por componentes literarios. La autora menciona la introspección como una importante fuente para reforzar las creencias. Preguntarse cómo reaccionaría una persona si el precio de la gasolina se duplica no se aleja demasiado de lo que se preguntaría un poeta cuando su pluma crea escenarios reales. Los experimentos mentales (thought experiments), también son herramientas persuasivas que usan los economistas para plantear situaciones, como los novelistas al escribir historias. Los casos también son herramientas de persuasión. El embargo de petróleo de 1973-74 dio como resultado que el consumo de gasolina cayera cuando los precios se duplicaron, pero esta realización de la Ley de Demanda no fue resultado de un exhaustivo proceso estadístico, sino fundamentalmente de una narrativa con el mismo poder. Las analogías también son herramientas útiles, especialmente porque engloban generalidades, facilitando la comprensión de conceptos. Las historias, a diferencia de las metáforas, dependen de asociaciones, no similitudes; las metáforas, por su parte, involucran sustituciones y modelos. Al combinar las historias con las metáforas, se obtienen las alegorías, otro recurso literario importante en el discurso económico actual. En Methaphors Economists Live By (1995), McCloskey ejemplifica la forma en que las alegorías han sido particularmente poderosos sistemas de poder. Para apoyar su tesis presenta el caso del Marxismo, el cual combina la metáfora de la lucha de clases con la historia de la trayectoria del proletariado; y el caso de los economistas del mainstream, quienes combinan la metáfora del libre intercambio con la historia de la trayectoria de los burgueses… Las distintas figuras literarias arrojan luz sobre los criterios económicos más complejos, como ciertos conceptos ideológicos; y sobre los más básicos, como la ley de oferta y demanda, o incluso la definición misma del “mercado”.

El discurso modernista versus el discurso posmoderno

Calderón y Bolaños (Ibíd., 2006), explican los conceptos de plaza, mercado como lugar, tianguis y mercado como proceso. La historia que los autores trazan en un recorrido por determinar la situación actual de la economía informal no es solo una pintoresca representación de una realidad palpable pero lejana; es más bien una historia pincelada con las propiedades del mercado, el intercambio, los gremios, el comercio, la industrialización y el rol del Estado. Los autores utilizaron un enfoque parecido a la aproximación casuística con la que Ronald Coase hace economía. Coase se enfoca en las historias, metáforas y hechos que encajan en un caso en cuestión y elude la obsesión por especializarse en una sola aproximación. Su metodología engloba las leyes y la economía, y la aproximación que hace para explicar las instituciones incorpora el sentido común y la moralidad. Probablemente su mérito más grande es la no-exclusión de la Economía y el Derecho. De forma similar, Calderón y Bolaños recopilaron exhaustiva información histórica de los cambios políticos, legales y constitucionales que afrontó Guatemala desde los años de la conquista, para poder unir las piezas en un todo que se aproximara a explicar mejor el estado actual de la economía.

Arjo Klamer y Deirdre McCloskey tienen múltiples puntos de vista encontrados, pero un desacuerdo en común con respecto a la noción cientificista y mecánica de lo que los economistas hacen[1]. Ambos concuerdan con la importancia de los datos y la lógica para hacer ciencia económica; sin embargo opinan que no es suficiente y le dan a la economía un giro discursivo. Las historias, las metáforas, los datos y la lógica no deben ser herramientas excluyentes. Para ellos, es la retórica de la conversación, y no la lógica de la investigación, lo que provee los estándares para la ciencia (Ibíd., 1998, p. 109). En los últimos cuatro capítulos de The Rethoric of Economics, McCloskey hace una crítica sobre el abuso de la significancia estadística luego de sus inicios con econometristas modernos como Lawrence Klein. La autora resalta que la significancia en estadística no es lo mismo que la significancia en economía, y que lo importante es tener estándares para los argumentos que vayan más allá del tradicional discurso pseudo-científico que enfatizan la mayoría de economistas modernos. De 159 papers académicos que se publicaron en el American Economic Review de 1981 a 1983, sólo 6 usaban exclusivamente palabras, sumiendo el discurso económico en un campo de gráficas, estadísticas, matemáticas, diagramas y simulaciones. El problema que McCloskey observa es una fe ciega que comenzó a basarse en el operacionalismo, la economía positiva y el conductivismo. Las conversaciones que deambulan incesantes  entre los pasillos de las universidades, los centros de investigación y los despachos de gobierno se basan en una economía “modernista”, despojándose de toda metafísica y moral y prometiendo un conocimiento libre de toda duda. La tesis de la autora, sin embargo, no es una cuestión metodológica. Lo que distingue a un buen economista de un mal economista son sus intentos por contribuir a la conversación, descubriendo preposiciones ocultas, cambiando de parecer al escuchar nuevas perspectivas, escuchando y aportando a la infinita corriente de información que compone a la ciencia económica… La única manera de disipar la influencia modernista sobre el actual discurso económico es a través de la retórica, la cual por cierto está presente en otras ciencias como la matemática. Las fibras metodológicas, epistemológicas y literarias de la retórica actual aún no se han colisionado para reinstaurar un razonamiento más amplio que dé continuidad a la conversación actual. Pero, ¿por qué resulta importante saberse valer de la retórica? Mark Perelman (1978) lo sintetiza en la siguiente frase:

The essential methodological question is what does it take to persuade oneself or others of the validity of an idea?… [Economists] are unwilling to ask themselves the key question, ‘What methods must I use in order to persuade an audience?’ Economists’ self-perception is as of ‘an expert’. But economists are not experts; they are basically persuaders.

El poder de contar historias

Como los científicos, matemáticos, poetas y novelistas, los economistas también son persuasores, y la retórica está implícita en los discursos de quienes desean persuadir. De ahí la importancia de establecer un ethos; un carácter distintivo que el autor asume para transmitir ideas. Aunque es cierto que algunos recursos literarios como las metáforas pueden ser velos que cubren malos argumentos, también conforman la sustancia de premisas importantes. Los Marxistas prefieren una conversación sobre las clases trabajadoras; los Austríacos prefieren una conversación sobre la infalible individualidad del emprendedor; los Neoclásicos permanecen adheridos a la metáfora de las personas como máquinas calculadoras… (1994). El funcionamiento de los mercados en sus distintos niveles y esferas es en buena parte una de las principales preocupaciones de las conversaciones macroeconómicas, pero si la retórica sigue siendo un discurso modernista que se aleja de la propiedad interconectada de la economía, entonces las conversaciones seguirán siendo vacías porciones de un todo incompleto.

Con el trabajo de el “Enfoque institucional de la informalidad”, la tradición enraizada en la historia de Guatemala, junto con todos sus componentes descriptivos y transiciones cronológicas, son una aproximación para entender mejor el comportamiento del sector económico informal hoy en día. Es además una forma más posmodernista, como lo describiría McCloskey, de abordar la conversación macroeconómica desde un punto de vista más humano, como verdaderamente está constituida la economía. En la página 220 del documento elaborado por el CIEN, los autores incluyen un pasaje de Severo Martínez que describe el choque cultural que surgió como producto del Requerimiento de Palacios Rubios. El pasaje escribe vívidamente lo que el requerimiento implicó para los conquistados, y no sólo para los conquistadores, y utilizando recursos literarios y una prosa impecable, el autor logra que los lectores se identifiquen con una parte de la conversación que no ha sido recurrente en la historia general. De forma similar, como un ejemplo dentro de la economía informal, en el prólogo del libro “El Otro Sendero” (1986), Mario Vargas Llosa comienza escribiendo: “A veces los economistas cuentan mejores historias que los novelistas”. Lo cierto es que los economistas son poetas, y son novelistas, y son auténticos contadores de historias, pero no lo saben. Incluso las estadísticas son historias disfrazadas con números que cuentan realidades concretas. Y son las buenas historias, las que tocan las mentes y corazones de los lectores de una forma persuasiva, las que al final del día perduran en el discurso económico. Como dijo alguna vez Robert  Higgs: “Tales well told endure forever”.

Bibliografía:

Black, M. (1962). Models and Metaphors: Studies in Language and Philosophy. Ithaca, N.Y.: Cornell University Press

Calderón, J. & Bolaños, L. (2006). Enfoque Institucional de la Informalidad. Publicado en: “Economía informal: Superando las barreras de un Estado exluyente”. Centro de Investigaciones Económicas Nacionales, CIEN

De Soto, H. (1986). Prólogo de Mario Vargas Llosa en “El otro sendero”. Instituto Libertad y Democracia. Editorial Ausonia.

Klamer, A. & McCloskey, D. (1989). The Rethoric of Disagreement. En: Rethinking Marxism, Volume 2, No. 3

Lewis, C.S. (1939). “Buspels and Flansferes: A Semantic Nightmare”. En Rehabilitations and other Essays. Englewood Cliffs, N.J.: Prentice Hall

McCloskey, D. (1994). Knowledge and Persuasion in Economics. Cambridge University Press.

McCloskey, D. (1995). Metaphors Economists Live By. Social Research. Vol. 62, No 2

McCloskey, D. (1998). The Rethoric of Economics. Second ed. The University of Wisonsin Press.

Oakeshott, M. (1933). “Poetry as a Voice in the Conversation of Mankind”. En Experience and Its Modes. New York: Basic Books

Perelman, M. (1978). “Review of Hutchison’s Knowledge and Ignorance in Economics”. Journal of Economic Literature 16 (June): 582-85

[1] Ver: Arjo Klamer & Deirdre McCloskey: The Rethoric of Disagreement.

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